lunes, 29 de abril de 2013

Cuatro verdades idealistas sobre las personas

Como ya nos enseñaron dos sabios en sus diálogos, existe la verdad¬¬, y la verdad^^. Por eso es importante darnos cuenta cuando la verdad^^ nos espute en los ojos y trata de ensartarnos una puñalada trapera por la espalda. Para defendernos necesitamos reconocer la verdad¬¬ sobre las personas con las que nos relacionamos, así lograremos evitar justificaciones absurdas.

Mi intención es exponer algunas de esas justificaciones absurdas que se encarnan en la verdad^^, y demostrar que la confianza idealista en la humanidad nos vuelve grandes odiadores. ¿Grandes odiadores de personas?, tal vez en algún caso, sin embargo es probable que dediquemos la mayor parte del tiempo a odiar sombras del pasado, del presente y del futuro.

Del romántico: va a cambiar
Esperar que alguien modifique su forma de actuar o pensar para tomar una decisión personal es, tal vez, una de las formas más extendidas del romanticismo contemporáneo. Cada acción habla de una persona y es un error desecharla sólo porque no cierra con la idea que nos hicimos. Proyectar una sombra al futuro nos hace vivir en un cuento de hadas, lleno de brujas, ogros, príncipes y princesas. Es como un cuento que nos conduce por distintas versiones de la historia, sin culminar con un final: nos garantiza que cada nuevo final alternativo nos regalará una decepción; cada nuevo giro que sigamos en la historia nos dejará esa sensación amarga de haber vivido la vida de otro.

De la milonga: antes no era así
Aparece el famoso "todo pasado fue mejor". Es curioso que no nos percatamos de la incoherencia de esta frase: por supuesto que antes de que algo ocurra, no tenemos conocimiento de ese acontecimiento  Nos empeñamos en preservar en un pedestal la primera impresión inmaculada de una persona, sin embargo sólo guardamos en formol el cuerpo muerto de una sombra del pasado. Las relaciones de esta naturaleza son asimétricas en todo sentido, ya que no sólo se trata de juzgar a alguien por una imagen de su pasado, sino que a menudo esa imagen tampoco es realista; quien tiende a sublimar la idea de una persona, también fabrica gran parte de esa imagen.

De la mascota: conmigo es bueno
Un desliz moral que surge de los impulsos más primitivos. La imposibilidad de ser crítico con alguien ante hechos evidentes es una peligrosa negación que puede devenir en escenarios cuanto menos funestos. Esta justificación oculta nuestro propio juicio tras la sombra presente de un desconocido. Lleva implícito un gran miedo, como la sensación de pesadilla cuando sabemos que alguien vendrá a buscarnos. Escapar de este hechizo implica reconocer el miedo, enfrentarlo, explotarle los ojos con los dedos, cortarle la cabeza con las manos.

Del convaleciente: hay peores
El conformismo es una expresión de estancamiento, típico en una enfermedad que avanza y retrocede suavemente. La vida, entendida como lo que experimentamos en la cotidianidad, es variación, movimiento, es un baile entre lo que fuimos ayer y lo que seremos mañana. Ignorar u omitir estos cosquilleos nos reducen a la mediocridad, a la parálisis emocional, al abismo. Esta clase de justificación es peligrosa para la moral: en el momento que necesitamos comparar contra lo peor, el horizonte de lo peor se aleja y supera los límites de nuestro propio sufrimiento, que irá volviéndose más profundo cuanto más nos acercamos al abismo. En efecto, esta sombra es la más oscura de todas las sombras porque no va hacia el pasado, no convive en el presente, no se proyecta hacia el futuro: es una sombra sin tiempo, proyectada sobre la oscuridad.

Como dijo un poeta contemporáneo: los ojos ciegos bien abiertos.-