Mirar videos de aterrizajes difíciles me ayuda a percatarme que no somos nada: no somos nada. También me despierta una fascinación por entender por qué una ideología que concuerde con nuestra forma de pensar se encarna en nosotros con tanta facilidad.
Hoy mi profesor de Epistemología de las Ciencias Sociales (de aquí en adelante Z) hizo una crítica de los paradigmas que definen a la ciencia desde 1900 hasta 1965. Sé que luego de la oración anterior la mayoría cerró la ventana; si estás leyendo esto es porque superaste la barrera del de-qué-estás-hablando-willis y te ganaste ver este video de una tortuga que ataca a un gato.
Con una sonrisa en la boca y algo de dolor de estómago es más fácil entender la trampa de la ideología. Entiendo la ideología como un conjunto de ideas sobre la realidad que nos permite alinearnos frente a la sociedad. La cuestión es que el profesor Z sostiene, muy parado sobre la tierra, que las ideologías existentes son mutuamente irreconciliables en el campo de acción de las ciencias sociales. Insiste, con razón, que abordar un problema, por decir algo, con una ideología marxista, hace imposible que también se analice desde un enfoque neoliberal. Definió el mundo académico como un ámbito cerrado que construye consensos a través de silencios, grupos que se manejan políticamente, librando batallas de poder para regir las instituciones. Además, ratifica que en la universidad casi no hay debate, ya que forma parte del aparato del Estado.
Yo todavía no entiendo bien este tema de la ciencia y la ideología, pero como a nadie le afecta lo que pienso me quiero animar a hacer una crítica sobre lo que percibe mi buen sentido. Llamo trampa de la ideología a la tendencia generalizada de aplicar modelos más o menos absolutos para la resolución de un problema. En otras palabras, creo que se subordina la razón y el buen sentido a la demanda de una comunidad científica, que impone un método de acuerdo con el contexto histórico, cultural y político del momento (estoy haciendo una apreciación parcial, pero por el momento es suficiente para llegar al punto). No respetar estos cánones (ora rígido, ora elástico), significa quedar fuera de la comunidad científica, ser un cualquiera, un ignorado que termina escribiendo sus frustraciones en un blog que no lee nadie. Esta situación hace difícil que surja la genialidad, la innovación, la creatividad, ya que la creación de conocimiento está sometida al ojo del gran hermano.
Es trampa por lo que acabo de comentar, y es de la ideología porque una herramienta fundamental para demarcar los métodos que se deben usar en la creación de conocimiento científico es, tanto en ciencias sociales como naturales, la ideología. En consecuencia, el problema a resolver queda dentro de este universo delimitado por la ideología impuesta, y se pierde un gran abanico de posibles soluciones, caminos, enfoques; en resumen, se pierde conocimiento. Esto que estoy comentando no es nuevo, varios autores comenzando por Kuhn e incluso antes escribieron al respecto, pero no pudieron despegarse de la trampa de la ideología. Probablemente si estos autores hubieran hecho las críticas pertinentes fuera de los cánones establecidos, no los hubieran tenido en cuenta.
Pienso que si elegimos la pastillita que nos transporta fuera de la Matrix, lo que implicaría, en principio, renunciar a cualquier clase de reconocimiento científico, podríamos constituir una nueva generación de investigadores. ¿Las bases?, tal vez partiríamos de algo sencillo, como la humanidad. Necesitaríamos relacionarnos bien: apelaremos al respeto; necesitaríamos comunicarnos bien: apelaremos a la empatía y al diálogo; necesitaríamos resolver un problema juntos: necesitaremos la mayor cantidad de enfoques posibles para elegir, por consenso, la mejor solución. Aunque estos principios románticos suenen imposibles en la práctica, no se trata de un ideal, sino del camino al perfeccionamiento individual. Un grupo es en cuanto a todos sus integrantes son. Si hay diferencias irreconciliables, habrá dos lineas de investigación sobre el mismo problema: ambas tendrán sus enfoques particulares. La consigna es simple: sacar el problema fuera del universo de una ideología a un nivel más elevado, donde se pueda examinar aplicando todo el conocimiento que esté al alcance.-